El moquillo canino es una enfermedad viral de distribución mundial que afecta principalmente al perro doméstico, pero que también afecta a algunos mamíferos silvestres. Es una enfermedad sistémica, principalmente con signos respiratorios, digestivos y nerviosos, que varían enormemente dependiendo la cepa viral, la dosis infectiva y de la respuesta inmune de cada paciente. No existe tratamiento antiviral específico. La prevención mediante la vacunación es la mejor forma de control de la enfermedad.

El virus es susceptible a la luz ultravioleta, al calor y la resequedad y se destruye por temperaturas de 50 a 60°C por 30 minutos. Los procedimientos rutinarios de desinfección suelen ser eficaces para destruirlo.

La transmisión ocurre directamente por aerosoles de secreciones respiratorias, o a través de secreciones oculares, orina y heces. Es eliminado a los 7 días después de la infección y se puede diseminar en casos extremos durante 60 y hasta 90 días. Los perros que se recuperan después de la infección son inmunes de por vida y dejan de eliminar el agente al medio. Aunque la inmunidad al moquillo canino inducida por vacunación es prolongada, no es sólida o para toda la vida. Los perros que no reciben vacunaciones periódicas pueden perder su protección e infectarse después de un periodo de tiempo.

La enfermedad tiene un periodo de incubación de 14 a 21 días, el virus penetra al organismo mediante inhalación de aerosoles. Entre la segunda y tercera semana post infección se inicia la respuesta inmune.

La infección puede seguir dos caminos:

  • Si la respuesta es adecuada, si los anticuerpos neutralizantes se sintetizan rápidamente y alcanzan niveles adecuados, los síntomas clínicos son leves y el virus prácticamente no se difunde al resto del organismo.
  • Si la respuesta es inadecuada, débil o tardía, el virus invade todo el organismo, incluyendo el sistema nervioso. El resultado se manifiesta en signos multisistémicos con una segunda fase febril y un alto grado de mortalidad, por lo general el virus persiste en los tejidos hasta la muerte.

La infección secundaria bacteriana en las vías respiratorias y el aparato digestivo, incrementa la severidad de los signos. Los perros que desarrollan enfermedad aguda o subaguda desarrollan una muy pobre o nula respuesta inmune humoral y celular. Los perros con infección crónica del sistema nervioso central pueden desarrollar una respuesta inmune en forma tardía. No existe forma de predecir que animales desarrollen problemas neurológicos.

Existe gran variación en la duración y severidad de la enfermedad. Los signos clínicos pueden variar, desde pasar inadvertidos hasta la presentación de cuadros clínicos severos, con o sin signos nerviosos, con un 90% de mortalidad.

Entre los 3 y 7 días post infección se presenta el primer aumento de temperatura que generalmente pasa inadvertido, la fiebre disminuye durante algunos días hasta que se desarrolla una segunda fase febril. Este segundo pico febril va acompañado de otros signos: conjuntivitis, que en unos cuantos días va seguida de tos seca que se torna en húmeda y productiva, incremento de ruidos respiratorios, secreción serosa (que cambia a mucopurulenta) nasal y ocular, depresión y anorexia, linfopenia, pueden presentar vómitos, diarrea que puede llegar a ser sanguinolenta. Los animales afectados pueden desarrollar deshidratación y emaciación. Los perros afectados pueden morir súbitamente por la enfermedad sistémica. Algunos perros desarrollan signos nerviosos después de la enfermedad sistémica. Dependiendo la cepa viral, los signos pueden variar y se pueden presentar ataques convulsivos. Se reconocen dos formas de presentación crónica en perros adultos, de las cuales pueden recuperarse o no.

La neuritis óptica puede llevar a la ceguera y lesiones de retina. Algunas cepas virales producen hiperqueratosis de la almohadilla plantar y de la nariz. Estos últimos están habitualmente asociados con la aparición de lesiones neurológicas posteriores. En perros adultos recuperados de la infección se puede observar hipoplasia del esmalte dental, este signo se considera patognomónico del moquillo canino.

Diagnóstico: Los signos de la enfermedad son variables pudiendo estar presentes unos y otros no, por lo que en muchos de los casos tienden a confundirse con otras enfermedades que pueden cursar con signos parecidos. Se basa en la sospecha clínica apoyada por el antecedente característico de un cachorro de 3 a 6 meses de edad no vacunado con una enfermedad compatible.

Hallazgos de laboratorio clínico: Linfopenia absoluta. También aparece trombocitopenia e inclusiones víricas que rara vez pueden ser detectadas en sangre periférica. Los cambios en la química sanguínea son inespecíficos.

Radiología. En pulmones se pueden observar patrones que van de intersticiales a alveolares en casos de perros con neumonía.

Existe una prueba de ELISA para detectar anticuerpos IgG o IgM, sin embargo la vacunación reciente puede dar resultados falsos positivos.

No existe ningún tratamiento antiviral eficaz, Tratamiento de sostén: Se indica la terapia antibiótica debido a la infección bacteriana secundaria, especialmente del tracto respiratorio y digestivo. Es recomendable el uso de antipiréticos. Aplicar una adecuada terapia de fluidos y electrolitos en caso de deshidratación.

El tratamiento de perros con signos neurológicos no es satisfactorio. Los sedantes y anticonvulsivos pueden mejorar los signos clínicos, pero no tienen efecto curativo. La encefalitis multifocal progresiva suele conducir a tetraplejía, semicoma e incapacidad.

Profilaxis y Control: La inmunización por vacunación es la única forma efectiva de control para el moquillo canino. La inmunización activa con vacunas de virus vivo modificado (VVM) induce una inmunidad duradera.

Otras medidas de control. Además de la vacunación, el aislamiento estricto de los animales enfermos es la medida más importante en el control de un brote ya que el virus es eliminado por todas las secreciones corporales durante la fase sintomática y el contacto directo entre perros es la principal vía de diseminación del virus. La desinfección del ambiente puede ser lograda con productos convencionales por lo que de inmediato debe ser implementada.

Si usted tiene una mascota con enferma con Moquillo absténgase de mantener contacto con otros animales.

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