Muchos propietarios sienten temor ante la posibilidad de que sus mascotas requieran anestesia para algún procedimiento. Es totalmente normal y comprensible puesto que en medicina desde una “simple” inyección de un antibiótico o una vacuna hasta por supuesto, la anestesia, puede tener repercusiones en la salud. Por eso es muy importante identificar los posibles riesgos para saber cuándo y quienes pueden tenerlos.

Ciertos estudios y procedimientos de rutina (siempre y cuando el paciente sea colaborador) se pueden realizar sin anestesia; pero para otros procedimientos y tratamientos médicos, quirúrgicos y odontológicos sí es necesario utilizarla.
En esos casos, realizamos la evaluación pre anestésica, en donde clasificamos el riesgo de cada paciente a través de diversos exámenes que nos proporcionan información y nos ayudan a organizar a los pacientes según su nivel de riesgo.

La American Society of Anesthesiologists (ASA) estableció una tabla de clasificación donde se define que el paciente se encuentra entre un número del 1 al 5 (en medicina humana del 1 al 6, donde 6 se refiere a donadores de órganos) según su gravedad. En este sentido, el número 1 se refiere a riesgo mínimo en pacientes jóvenes y sanos que se someterán a procedimientos electivos, mientras que el nivel 5 se les atribuye a pacientes moribundos que se espera que no sobrevivan sin la realización del procedimiento médico-quirúrgico. Cabe resaltar que no existe el riesgo cero, es decir, siempre, aunque sea mínimo, el riesgo está presente.

La importancia de conocer la clasificación ASA nos permite a los anestesiólogos veterinarios tomar las decisiones correctas y que se ajusten más a cada mascota, utilizando técnicas y métodos individualizados y teniendo como premisa salvaguardar la vida y estabilidad de la mascota.
Existen técnicas de anestesia balanceada y multimodal que facilitan esa adaptación, ajustando dosis, tipos y variedad de medicamentos para así mantener al paciente en el nivel anestésico más seguro posible y con menos repercusiones a corto, mediano y largo plazo.

Para poder ubicar a cada paciente en alguno de los 5 niveles, debemos recolectar toda la información posible a través de estudios y exámenes pre anestésicos que se establecen de acuerdo con cada paciente y con cada procedimiento a realizar. Algunos de estos estudios incluyen exámenes de sangre completos, perfil bioquímico, pruebas de coagulación, estudios de imagen del tórax y del abdomen. En ciertos pacientes será necesario hacer análisis adicionales.

Cuando tengas que someter a tu mascota a un procedimiento anestésico siempre consulta con tu Veterinario, busca personal especializado que tenga los conocimientos y la experiencia necesaria para evitar que una clasificación errónea pueda producir riesgos adicionales a tu mascota.
Mientras más información de la salud del paciente disponga el equipo médico veterinario, más herramientas tendrán para ayudar y actuar de la manera correcta.

Ante cualquier duda, consulta a tu veterinario de confianza.